Recuperando, como en otros escritos de este articulista, la tradición de cinéfilo, en un intento de asociación de materia escrita con escenas filmadas; vino a mi memoria en la noche de ayer, y en la cama, en esos instantes previos al sueño, que a veces están a medio camino entre la vigilia y el sopor; la película de Luc Besson del año 1997, el Quinto elemento, donde se desarrollaba una trama, mezcla de ficción, intriga, humor y efectos especiales.
En una escena principal del film, se alude al aire, al fuego a la tierra y al agua, apareciendo un extraño y ficticio quinto elemento, que da título a la película, encarnado por la antimateria.
Ni Bruce Willis ni Gary Oldman ni Mila Jovovich, imagino que no se pondrían a pensar en la realidad de los cuatro elementos básicos ya mencionados.
En nuestro breve relato, asociaremos en este caso, el cuarto elemento al agua.
Parte básica del organismo humano y animal, integrante de la materia, de la naturaleza, y de la vida, desempeña un gran papel curativo, relajante, térmico e hidratante.
Olvidemos por unos instantes esos dos litros famosos de ingesta de líquidos necesarios al día. Consideremos que la talla, el peso, la corporalidad, las pérdidas por sudoración, transpiración, heces y orina, condicionan junto con la edad del sujeto, su actividad física y la época del año o el lugar de residencia, unas necesidades diferentes en todos nosotros.
La hidroterapia, balneoterapia e incluso la talasoterapia, son técnicas generalmente inocuas, con un amplio historial en la humanidad.
La procedencia etimológica lingüística, deriva del griego (Hydro: agua. Terapia:curación).
Roma incluso antes de la era cristiana, difunde las piscinas frías, calientes, los baños de vapor y las aguas templadas.
Agripina, Nerón, Trajano, Caracalla son ejemplos de nobles y emperadores romanos que fomentan la construcción de baños termales.
Antonino en Cartago desarrolla un inteligente sistema de estancias de baño.
Las aguas que en ciertos casos proceden del subsuelo, de ríos subterráneos con diversas temperaturas, en diferentes áreas del globo, cercanas a valles, volcanes, regiones marítimas, en el altiplano; pueden ser bicarbonatadas, sulfuradas, sulfatadas, cloruradas, ferruginosas, etc.
Los balnearios tienen una segunda época de esplendor a finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte, por una mezcla de moda, convencimiento del poder curativo de la toma de las aguas, e indicaciones galénicas, que a las primeras de cambio prescribían el baño y la ingestión de las aguas.
Posteriormente, los establecimientos decaen, dejan de ser visitados y en desuso; pasan de moda, algunos quiebran o cambian el enfoque de su actividad.
Pero algunas décadas después, surge el fenómeno de la cultura corporal, por extensión las saunas y paralelamente los circuitos termales, los fines de semana en balnearios, las excursiones programadas y al fin los SPAs.
Éstos últimos en franco auge, se asocian al resurgir de los balnearios, con ofertas de fines de semana, sugerencias para mayores de 55años; en combinación hotelera y se difunden y establecen en Almería, Barcelona, Cádiz, Castellón, Ciudad Real, Gerona, Gran Canaria, Madrid, Málaga, Murcia, Palma de Mallorca, Tarragona y Toledo entre otras muchas ciudades de nuestro territorio, así como en Europa, especialmente en Italia y Francia.
La gran diferencia con el balneario tradicional, consiste en la no precisión de agua mineromedicinal para su empleo en los SPAs, incluyendo en ambos casos : Jacuzzis, pediluvios, chorros, camas térmicas, saunas, contrastes fríos y cálidos, aromaterapia, masajes y a veces técnicas de relajación.
Pero de ¿ dónde el vocablo SPA?
Algunos lo atribuyen a un balneario de la época romana en Bélgica, en el pueblo de Spa, mientras que otra teoría, sitúa el origen en la frase latina “salutem per aquam”.
En cualquier caso y salvo las excepciones lógicas y puntuales; las indicaciones termales, de cualquier tipo son muy idóneas para combatir el nerviosismo, la intranquilidad, el estrés, los padecimientos articulares en especial los reumáticos, la rehabilitación tras una prótesis, las lumbalgias de repetición, la periartritis de hombro, el cansancio por sobreesfuerzos.
Determinadas actividades dentro de la terapia termal, pueden estar excluidas, como la sauna o el baño turco para ciertos padecimientos.
Casi siempre existe un pequeño formulario que condiciona el tipo de termalismo a recibir, pero como es habitual, desde esta tribuna, recomendamos que consulten con su médico.
El que escribe, es frecuente partícipe de los beneficios de lo relatado, y les aseguro que “el día con agua” duermo como un niño, y estoy como un guante o gamuza.
LO QUE EMBELLECE AL DESIERTO ES QUE EN ALGUNA PARTE ESCONDE UN POZO DE AGUA.
(ANTOINE DE SAINT-EXUPERY)