No tenemos más remedio los periodistas que tomarnos con la seriedad debida esta milonga bufa de la nueva y esperada tregua de los asesinos de ETA. Nos obliga la memoria de los casi mil muertos que ha provocado el separatismo socialista etarra. Nos obliga el hecho indudable de que la inmensa mayoría de los españoles querría vivir en paz de una vez.
Pero leyendo detenidamente el comunicado que los sanguinarios mafiosos han enviado a la BBC, lo único que a cualquier persona normal puede sugerirle es una profunda indignación, o a los que tienen el diente demasiado retorcido, una sonrisa irónica y displicente.
ETA vuelve a tratar al resto del mundo como si fuera estúpido. Usa el lenguaje, una vez más, a su antojo, presentándose ante la Humanidad como víctima del fascismo español, cuando en los últimos cincuenta años no ha hecho otra cosa que asesinar a personas inocentes.
Su estilo estomagante y presuntuoso, ese orgullo paleto del que presumen estos canallas como único argumento de sus repugnantes vidas, no puede producir otra cosa que asco y vergüenza ajena.
Pero lejos de tratar esto como lo que es, un comunicado lamentable enviado, con su cobardía habitual, a una televisión extranjera, estamos todos pendientes de la reacción de un Gobierno, el de Zapatero, que sabía perfectamente que esto se iba a producir, aunque sólo sea porque se ha anunciado por activa y por pasiva en la prensa.
Zapatero necesita esta nueva tregua para ganar las próximas elecciones. Para recuperarse en las autonómicas y municipales, y para seguir en La Moncloa en 2012, si la economía no le echa a patadas antes. Por eso, detrás de sus palabras mentirosas y de sus exigencias con sordina, lo que hay es una baza electoral de primera mano, la única que le queda a un presidente que es ya un simple cadáver político.