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OPINIÓN- Fernando Sanjuán, Director Médico de la Clínica San Vicente

Última actualización 19/12/2011@09:12:06 GMT+1

En la situación económica y moral en la que nos encontramos y padecemos millones de ciudadanos en el mundo, con guerras, revueltas ciudadanas, catátrofes naturales y hambrunas incontinentes, sería realmente egoista y descorazonador que tan sólo fijáramos la atención en nuestro propio ombligo y no alzáramos la vista para mirar lo que sucede a nuestro alrededor.

Los países tecnológicamnete desarrollados entre los que nos encontramos, estamos asistiendo al desmoronamiento del llamado “estado del bienestar” en todos los órdenes, materiales y morales. Muchos de los productos y bienes que adquirimos son fruto de un capricho irreflexivoy momentáneo que obedece, inequívocamente y en buena medida, al bombardeo incesante de la publicidad., en un mundo cada vez mas globalizado y consumista. Nos hemos convertido en consumidores impenitentes cuyo gozo y disfrute no va mas allá de la ilusión que le produce a un niño los regalos del día de Reyes.

Deberíamos preguntarnos de forma individual, e incluso de forma colectiva,- pero, ¿quíén pone el dedo en la llaga?¿-, qué grado de satisfacción nos proporciona esta actitud y qué nos aporta intelectual y emocionalmente más alla del momento presente o del futuro inmediato?

Del mismo modo que al ser humano se le atribuyen la libertad y la dignidad por derecho propio y no permitimos que sean cuestionadas o vilipendiadas en ninguna circunstancia y bajo ningun poder, la esperanza de una vida mejor, o al menos sostenible, debería estar posicionada en el mismo rango de valor que aquellas, pero no exclusivamente para unos pocos sino para todos.

De alguna forma todos somos responsables de la crisis. En alguna medida todos hemos contribuído a que sucediera. No nos hemos conformado con el huevo de oro diario que de forma alegre y alborozada obteníamos sin demasiado esfuerzo. Hemos matado la gallina y al pecar de avarientos hemos cometido un gravísimo error que nos ha conducido al lamentable estado en el que nos encontramos.

Pero lejos de achacar responsabilidades y culpabilidades recreándonos en el fango como habitualmente sucede en el ámbito político impunemente, nada conseguiremos lamentándonos sin pasar a acciones concretas que devuelvan atisbos de ilusión para tanto sufrimiento como el que estamos viviendo en nuestra propia casa, con nuestros propios vecinos de calle, barrio o ciudad, sin necesidad de irse a los barrios periféricos de cualquiera de nuestras ciudades o nuestros pueblos.

Cuando las cosas van mal la idea de que podrían ir peor nos consuela. Y cuándo lo son nos encontramos con la esperanza en la idea de que las cosas son tan malas que tienen que mejorar.

La esperanza no es algo que pertenezca al mundo de los sueños, es la forma de hacer que los sueños se hagan realidad. No podemos creer que los problemas deberían solucionarlos los demás. No caigamos en el tópico Valleinclanesco “que inventen los demás”. Individualmente todos debemos involucrarnos en la búsqueda de soluciones, y cuando ésto suceda sentiremos la sensación de esperanza y logro, que procede de saber que estamos trabajando para mejorar las cosas.

La esperanza es el convencimiento de que algo va a salir bien, de que algo tiene sentido, independientemente de cuál sea el resultado final. ¡Cuántas cosas aparentemente destrozadas y sin visos de solución se han superado con el trabajo y la ilusión!. La mayoría de las cosas en el mundo se han logrado individualmente por personas que han seguido intentándolo cuando parecía no haber ninguna esperanza. ¿ Que sería de la vida si no tuviéramos la valentía para ponerlo en práctica? Para hacer que el momento presente sea más llevadero y menos difícil de soportar, necesitamos de la esperanza de hoy para creer que el mañana será mejor.

La confianza en el futuro es fundamental ya que el mañana es esa ventana que representa el porvenir. Toda puerta debe abrirse con ilusión, alegría y esperanza, única forma conseguir que nuestros objetivos se cumplan. El cerebro humano parece estár preparado para ello y complejos mecanismos tan sólo vislumbrados experimentalmente así nos lo demuestran. No se cumple aquello que no se imagina y el esfuerzo acompaña.

Aprende del ayer,vive para el hoy, ten esperanza en el mañana.Albert Einstein.

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Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Unión ante la crisis

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    225 | Ramón Gómez Montoya - 29/12/2011 @ 11:30:09 (GMT+1)
    Qué bonito. Muchas gracias. Este artículo merecería mayor difusión.
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