Que la realidad supera a la ficción es un tópico muy utilizado en nuestros días, y que se ciñe bastante bien a muchos casos. Valga de ejemplo las inverosímiles imágenes, hasta esas fechas, de los atentados en el World Trade Center de Nueva York el 11-S, seguramente si las viésemos en una película de Hollywood diríamos que al director o guionista se le fue la mano.
Este tipo de ficción ha sido superada por la realidad con cierto carácter anodino en los últimos tiempos, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de cobertura mediática que tenemos dentro del mundo de la comunicación
Lo que resulta más extraño es lo que sucede cuando nos referimos a otro tipo de ficción. La ficción neorrealista apadrinada en Europa por directores como Vittorio De Sica o Roberto Rosselini, o en nuestro país el realismo crítico del magnífico Luis García Berlanga, han sido igualados o en muchos casos superados por la realidad de los irresponsables políticos españoles. Este aspecto no tiene parangón con el resto de clase política europea.
En cuanto a la ficción, la del director valenciano, hay que destacar la cantidad de reminiscencias a su cine que nos llegan de los medios de comunicación por parte de nuestros políticos. Las frases o actuaciones de los dirigentes españoles que nos recuerdan a Plácido, a las calles de Calabuch, al folclore de Villar del Río, a la familia Leguineche… son innumerables. Por abreviar, algunas de las más representativas:
En un discurso en la última campaña electoral junto al Mariano Rajoy, el presidente balerar, José María Bauzá, pronunció estas sabias e intensas palabras a un entregado auditorio:
“Sabemos lo que hay que hacer y lo vamos a hacer y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer y por eso seguiremos haciendo aquello que nos toca hacer, a pesar de que alguno no se crea que vamos a hacer lo que hemos dicho que íbamos a hacer”.
Aunque con distintas palabras, la carga semántica del discurso del Sr Bauzá es muy parecida a la pronunciada por Don Pablo, alcalde de Villar del Río en “Bienvenido Mrs Marshall”:
“Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo, os la voy a dar, porque yo, como alcalde vuestro que soy os debo una explicación que os tengo que explicar”.
Aunque para aclarar las cosas siempre nos quedará el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy:
"La reforma laboral puede suponer abaratar el despido o no". Esta seguridad en el discurso se explica con una confesión de Rajoy a Artur Mas en La Moncloa: "Vivo en el lío".
Pero en un país donde en plena crisis nos jactamos de tener aeropuertos sin aviones, no nos deben sorprender las similitudes en los dos discursos anteriores. El País titulaba “A falta de aviones, halcones en el aeropuerto de Castellón”. Pues eso…
Otro ejemplo de esta superación de la realidad a la ficción de Berlanga lo encontramos en “El caso de los trajes”, dentro de la trama “Gürtell”. Sirvan de muestra estas conversaciones en la que Alberto Pérez, El Bigotes, le dice a Cándido Herrero, otro de los presuntos cabecillas de la trama, que está en Louis Vuitton:
"Porque hay una cosa que no hemos pensado, llevamos cuatro años regalando una cosa a la alcaldesa y este año no voy a dejar de regalarle, ¿sabes?". "No nos da nada, no nos sirve de nada, pero tampoco me jode".
Luego le comenta a Herrero:
"Le voy a comprar un bolso de la colección nueva y a tomar por culo, me voy a gastar menos que el año pasado, pero se lo compro. Luego tenemos que comprar un reloj a la consejera de..., se lo compré a la hija de puta de la 'perla', ¿no se lo voy a comprar ahora a la de Turismo?. Que tampoco lo pensamos Pablo y yo, y ésta se porta muy bien conmigo, ¿sabes?".
El ruedo político se ha convertido en un gran plano secuencia donde todos están juntos y revueltos, sumergidos en la búsqueda incesante del enriquecimiento propio. Al menos nos queda la libertad de pensar que se trata de personajes “berlanguianos” y que todo esto no está sucediendo.
Cuando al gran director italiano Roberto Rossellini se le pidió que definiese el neorrealismo contestó: «Para mí es sobre todo una posición moral desde la que contemplar el mundo. Luego se convirtió en una posición estética, pero al principio era sólo moral".
Pues eso, para los políticos de hoy también ha dejado de ser una posición moral (si algún día lo fue), la pena es que ni siquiera llega a la altura de posición estética.