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Hemeroteca :: Edición del 10/10/2010 | Salir de la hemeroteca
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Dr. Pedro Tormo

Última actualización 17/06/2010@00:09:31 GMT+1
Con el ascenso de la supervivencia en todo el orbe, en especial en Europa, y significativamente en nuestro país, se plantean incidencias, circunstancias y hasta interrogantes a solventar, que en otras décadas eran poco habituales.

En general, la mujer nos sobrevive, sacándonos unos años de ventaja y dando forma a un nuevo tipo de pirámide poblacional. De ahí el porcentaje de mujeres añosas en relación con los hombres.

A parte de los protocolos médicos, las terapias químicas, el culto al cuerpo, las estrategias preventivas, los suplementos, las orientaciones dietéticas, los controles en salud o de seguimiento, la preocupación por la composición alimenticia y otros factores asociados (la genética); aparece un elemento cada vez más presente en los interesados: Mantener la independencia.

La persona válida y capacitada mentalmente, a pesar de la edad, autónoma o semi; quiere, con lógica absoluta, permanecer el máximo tiempo en su casa ; con sus recuerdos; deambular en camisón a la hora del desayuno, como lo ha hecho siempre; poner el aparato de radio o el Televisor a “su volumen”; entrar y salir, levantarse o acostarse a determinadas horas; reunirse con sus amigas de soltera, también viudas, para intercambiar inquietudes, hablar de tiempos pasados, chismorreos ( de hijos, nueras, de su pensión, de tal o cual programa televisivo) ; continuar con sus horarios; leer el periódico en su sillón favorito; tardar lo indecible en el baño; llamar por teléfono a la hija ( justo cuando comienza el capítulo de la serie favorita de la “niña”, circunstancia que desconoce la madre o no se acuerda).

Eso es la independencia bien entendida.

Cuando esta situación es factible, el médico supervisor de la salud, debe apoyar, orientar y si fuera necesario, ponerse en contacto con el o con los familiares cercanos o directos, para avalar esta postura.

En esta tesitura, un capítulo especial y de loa justificada, que no quiero obviar, debo dedicárselo especialmente a las hijas, generalmente solteras, que viven con la interesada, y que soportan con estoicismo las teóricas “manías” del ser por el que estamos abogando ese sentimiento independentista:
(Me ha contado mamá, tres veces hoy lo de la mujer de Jesulín; se ha empeñado en hacer una tonelada de lentejas que nos durarán cuatro o cinco días; tiene que abrir la caja de bombones y distribuirlos en diferentes recipientes de cristal; quiere salir al centro de la ciudad pronto, pero hasta que termina de arreglarse….; me habla una vez más de la situación de su hermano y de cómo lo tratan sus sobrinos; no quiere ponerse los audífonos y el televisor está a un volumen insoportable).

Los hijos y o descendientes, o familiares que viven en otro hábitat diferente, deben contemplar la situación de soledad del interesado, pendientes, pero no agobiantes; vigilando el devenir de los acontecimientos y estableciendo las medidas oportunas para el mantenimiento de la autonomía de la madre, del tío, o de la abuela, o del hermano, de la prima o incluso del amigo sin familia; hasta que la situación se deteriore o no sea sostenible.

Aún así hay pasos o fórmulas intermedias, no estereotipados y en los cuales juega un papel de importancia la idiosincrasia del sujeto, antes de evaluar una posible residencia o centro de acogida: Acompañantes más o menos discontinuos, cuidadores, supervisión periódica de los familiares, etc.

Los pacientes conocidos de tiempo atrás por su médico, con un cierto grado de confianza, además de controlar su padecimiento ( diabetes, hipertensión, artritis, disfunción tiroidea, trastorno del sueño, reflujo, estreñimiento, cardiopatía, gota, dislipemia, entre otros) demandan del profesional, opinión o le indican comentarios de tipo político, económico o bien relatan las quejas de las escasas visitas de la nuera o el ver, de tarde en tarde a los nietos.

De cualquier manera, existe un pensamiento más habitual que predomina sobre las quejas o reproches:
Mientras pueda, yo quiero seguir en mi casita y necesito pocas cosas, yo me las apaño bien, sola.

La labor no es sencilla. La mano izquierda, el auténtico talante, el diálogo, la sutileza, el “aguantoformo”, la paciencia oriental; todo unido y a partes iguales o diferentes, según cada caso, mezclado en la coctelera y bebido a sorbos no muy largos, dará buen resultado.

También es cierto, que la situación puede ir empeorando, y el empecinamiento, o simplemente, la cabezonería no justificada y patológica, o simplemente el deterioro, pueden obligarnos a la búsqueda de una compañía más o menos rutinaria, que se acepta a duras penas.

La domótica, los sistemas de alarma y comunicación, los avances técnicos, los modernos teléfonos y la informática sirven para hacer la vida más cómoda y prolongar en muchos casos, el mantenimiento de la independencia, aunque sea con dependencia.

LA COMEDIA DE LA VIDA ES QUE EL ALMA NACE VIEJA Y VA REJUVENECIÉNDOSE; Y LA TRAGEDIA DE LA VIDA ES QUE EL CUERPO NACE JOVEN Y VA ENVEJECIENDO (OSCAR WILDE).
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